La Māyā de Viṣṇu

La Māyā de Viṣṇu

(Extraído del libro -Mitos y símbolos de la India- Heinrich Zimmer, Ed. Joseph Campbell, Editorial Siruela)

La mentalidad hindú asocia ideas tales como "transitorio, cambiante, fugaz, cíclico" con "irrealidad"; y viceversa, "imperecedero, inmutable, firme y eterno" con lo "real". En la medida  en que a las experiencias y sensaciones que recorren la conciencia del individuo no las afecta ninguna visión dilatada, devaluadora, éste considera a las criaturas perecederas que surgen y se desvanecen en el ciclo interminable de la vida (saṃsāra, la rueda del renacimiento) como absolutamente reales. Pero en el instante en que discierne su carácter fugaz, vienen a parecer casi irreales: una ilusión o espejismo, un engaño de los sentidos, la ficción dudosa de una conciencia demasiado limitada y concentrada en sí misma. Cuando se comprende y percibe de esta manera, el mundo es Māyā-māyā, "de la materia de Māyā". Māyā es "arte": aquello mediante lo cual se fabrica un artefacto, una apariencia.

 

El término "māyā" se relaciona etimológicamente con "medida". Está formado por la raíz mā-, que significa "medir o trazar (por ejemplo el plano de un edificio o la silueta de una figura); producir, formar o crear; desplegar". Māyā es medición o creación o despliegue de formas; māyā es cualquier ilusión, truco, artificio, engaño, impostura, hechizo u obra de brujería; imagen ilusoria, aparición, fantasma, engaño de la vista. Māyā es también cualquier argucia diplomática o artificio político destinado a engañar. La māyā de los dioses es su poder para asumir formas diversas revelando a voluntad aspectos diversos de su esencia sutil. Pero los mismos dioses son producciones de una māyā superior: la autotransformación espontánea de una Sustancia divina originalmente indiferenciada y omnigeneradora. Y esta māyā superior produce no sólo a los dioses sino al universo en el que actúan. Todos los universos que coexisten en el espacio y se suceden en el tiempo, los planos del ser y las  criaturas de dichos planos, ya sean naturales o sobrenaturales, son manifestaciones de un eterno, original e inagotable manantial de ser, y se vuelven manifiestos por un juego de la māyā. Durante el período de no-manifestación (el intervalo de la noche cósmica), la māyā deja de actuar y el despliegue se disuelve.

 

Māyā es la Existencia: el mundo que conocemos y nosotros, contenidos en el entorno en constante crecimiento y disolución, creciendo y disolviéndonos a la vez. Al mismo tiempo, Māyā es el poder supremo que genera y anima el despliegue: el aspecto dinámico de la Sustancia universal. Así, es a la vez efecto (el flujo cósmico) y causa (el poder creador). En el segundo aspecto, es conocida como Śakti, "energía cósmica". El nombre de śakti proviene de la raíz śak- , que significa "ser capaz, ser posible". Śakti es "poder, habilidad, capacidad, facultad, fuerza, energía, valor; poder real; el poder de componer, poder poético, genio; poder o significación de una palabra o un término; poder inherente a la causa para producir su efecto necesario; lanza, pica o dardo de hierro; espada"; śakti es el órgano femenino; śakti es la energía activa de un dios y se la considera, mitológicamente, su diosa consorte y reina.

 

Māyā Śakti está personificada como el lado protector del mundo, femenino, maternal del Ser Último, y como tal representa la aceptación espontánea afectuosa de la realidad tangible de la vida. Soportando el sufrimiento, el sacrificio, la muerte y las privaciones que aguardan a toda experiencia de lo transitorio, afirma, es, representa y goza el delirio de las formas manifiestas. Es el gozo creador de la vida: es la belleza, la maravilla, el atractivo y la seducción del mundo viviente. Māyā-Śakti es Eva, "el eterno femenino", das Ewig-Weibliche; la que comió, persuadió a su consorte para que comiera - y fue ella misma- la manzana. Desde el punto de vista del principio masculino del Espíritu (que busca lo eternamente válido y duradero y absolutamente divino), Māyā Śakti es el enigma supremo.

 

Ahora bien, el carácter de Māyā-Śakti-Devī (devī=diosa) es ambiguo en múltiples aspectos. Habiendo dado luz al universo y al individuo (al macrocosmos y al microcosmos) como manifestaciones correlativas de lo divino, Māyā cubre la conciencia con las envolturas de su producción perecedera. El yo queda atrapado en una red, en un extraño capullo. "Todo mi derredor" y "mi propia existencia" - experiencia externa y experiencia interna- son envoltura y trama de una textura sutil. Cautivados nosotros mismos y por los efectos de nuestro entorno, tomando los fingimientos de la Māyā por absolutamente reales, soportamos una ordalía interminable de lisonja, de deseo y de muerte; mientras que, desde un punto algo más allá de nosotros (el representado en la tradición esotérica perenne y conocido por la conciencia supraindividual e ilimitada de la experiencia yóguica ascética), la Māyā- el mundo, la vida, el yo, aquello a lo que nos adherimos- es tan fugaz y evanescente como la nube y la niebla.

 

El objeto del pensamiento indio ha sido siempre conocer el secreto del atrapamiento y, de ser posible, abrirse paso a una realidad exterior que subyace en las circunvoluciones que envuelven nuestro ser consciente.

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