Mecanicidad y lucidez (de la mente)*

Mecanicidad y lucidez (de la mente)*

                                                                          

   Si no estoy consciente de las vueltas de mi mente, eso demuestra  mecanicidad. Si en una conversación puedo recordar todos los enlaces que me llevaron de un tema a otro, entonces no soy mecánico. Soy deliberado, alerta. Es como conducir un auto; mientras tienes en tus manos el volante, estás en control del auto. Los accidentes suelen suceder cuando no estamos en control. Tu mente es también un vehículo, un instrumento como el auto. No es para que te dicte términos; el que debe usar el instrumento eres tú. Tú debes manejarlo. Si la mente no está bajo tu control, lo que resulta es la mecanicidad en el pensar. La mente mecánica te hace completamente impotente.

   Con los modos mecánicos de pensar, las actividades de la vida también se vuelven mecánicas, y si uno puede lograr algunos momentos de paz, eso es algo que solo sucede, ¡un accidente! Cualquier aprendizaje solo puede darse durante estos pocos momentos de tranquilidad mental. Solo en una mente silenciosa, no proyectante, puede suceder el aprendizaje. El problema es entonces adquirir una mente silenciosa que esté bajo mi voluntad.

   Mientras escuchas una charla, tu mente no piensa: está en silencio. ¿Qué hiciste para obtener ese silencio? No hiciste nada. Si no piensas, tu mente está en silencio que es su estado natural. Este silencio se llama śānti o paz. Para inquietarte o entristecerte tienes que esforzarte. Podrías pensar en algún tema que traiga inquietud a tu mente. Esto es una acción. Esta acción es la que produce inquietud o tristeza. Para el silencio no requieres ninguna forma de pensamiento. El silencio es inherente, natural. La inquietud es incitada, no natural.

   Cuando un deseo se cumple y el nuevo deseo todavía no ha salido, la mente se resuelve y es silenciosa. O cuando la atención total de la mente está absorta en un asunto interesante, está silenciosa. El silencio es natural a la mente. Por lo tanto decir: “quiero estar en silencio” es un error, porque uno no tiene que hacer nada para que la mente esté silenciosa. Mi naturaleza es silencio y no necesito desear ser yo mismo. Pero todavía así nos encontramos trabajando para lograr el silencio, porque la mente es mecánica.

   Aunque la naturaleza de la mente es silencio, la experiencia común es que la mente es distracción. La agitación parece ser la naturaleza misma de la mente. La mente es turbulenta y sigue sus modos de ser y yo no tengo ningún control sobre ella.

   Experimentamos esta turbulencia todo el tiempo, particularmente durante la meditación. La mente pareciera estar bajo control hasta que te sientas a meditar. Te sientas en un lugar quieto y empiezas la meditación. Antes de que te des cuenta, tu mente se va  aotros temas. De hecho, ni siquiera estás consciente de que estás distraído; la mente parece hipnotizarte completamente y se te va. Te das cuenta de tu distracción solo cuando la mente, en el curso de sus divagantes senderos, ¡regresa sola al objeto en que meditas! Esto sucede por la mecanicidad de la mente. Por esto, el Señor Kṛṣṇa  dice en la Bhagavad Gītā  : “Cuando la inestable, distraída mente divaga, regrésala y dirígela hacia el objeto de meditación, el Ser”.

* extraído del libro Acción y reacción, de Swami Dayananda

 

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