El valor de los valores*

El valor de los valores*

Los valores universales: Su origen y función

   La palabra “valor” indica la consideración que se tiene de una cosa, situación o actitud que, por cierto motivo, es estimada o valorada por el portador del valor(…) A un valor ético puede definírsele en sánscrito como dharma. El dharma es un patrón o norma de conducta derivada de la manera en que quiero que los demás me vean o me traten. Los mandatos “dhármicos” para el comportamiento y la actitud, aunque comúnmente los encontramos en las escrituras religiosas, tienen su origen, en realidad, en éticas pragmáticas de sentido común que las éticas religiosas confirman.(…) Lo que espero o quiero de los demás se convierte en mi patrón de conducta, dharma o comportamiento correcto; lo que no quiero que los demás me hagan, es adharma, o comportamiento incorrecto. Quiero que los demás me hablen con la verdad. No quiero que los demás me mientan.(…)

   Otras normas de conducta, tales como no lastiman, practicar la humildad y la caridad, están todas basadas en la misma consideración de cómo me gustaría que los demás me traten. Por lo tanto, las normas éticas no son reglas que el hombre formuló arbitrariamente, sino disciplinas nacidas de la consideración inherente y común para nuestro interés y bienestar.  Los principios éticos son naturales y universales. Puede que haya algunas variaciones en grado o en énfasis por las diferentes culturas, pero las normas fundamentales poseen cierta universalidad.

Los valores éticos no pueden ignorarse

   ¿Puedo impunemente desafiar la importancia que le doy a los valores? No. No puedo escaparme de los valores. Desde el momento en que  a uno le importa no ser dañado ni molestado, nadie que viva en este mundo puede escaparse a estar relacionado con los demás. (…) Cuando intento  enfrentar un valor estoy en conflicto conmigo mismo. Cuando llevo a cabo una acción que no va acorde con mis principios, estoy creando una semilla de culpa, que es totalmente suficiente  para sufrir de insomnio, generar temor y conflictos. Incluso las mentiras pequeñas nos crean problemas en la mente (…).

Los valores y los conflictos

   Nadie quisiera una mente llena de conflictos. Tener una mente así es algo indeseable. Cuando se presentan los conflictos, los problemas en la mente son inevitables. El condenarse, el remordimiento, el sentimiento de culpa y la sensación de fracaso son producto de conflictos mentales. Los conflictos se me presentan  cuando soy incapaz de vivir de acuerdo a cierto valor que consciente o inconscientemente acepto. Las normas sociales tienen un contenido universal de cuya influencia no puedo escapar. Mi inherente necesidad por sentirme cómodo y seguro me impulsa a fijarle normas a la conducta de los demás, estableciendo un código de ética basado en el sentido común que, de rebote, me llega a mí. (…) Cuando no puedo vivir de acuerdo a mi estructura de valores, estoy en conflicto conmigo mismo y desarrollo un sentimiento de culpa.

Cómo los valores causan conflictos

   Los valores no causan conflictos en mí si sigo una estructura de valores, de la misma manera que espero que los demás la sigan. Sin embargo, cuando quiero que otros se comporten de cierta manera, pero por mis propias razones, yo mismo no quiero o no puedo comportarme así, entonces se me presenta un problema.  Si poseo cierto valor y algo impide que exprese ese valor con mis actos, entonces estoy en conflicto conmigo mismo. ¿Qué es lo que interfiere y evita que viva de acuerdo a mis valores generales? Si no he logrado convertir los valores generales en valores propios completamente asimilados, otros valores míos surgidos de ciertas situaciones específicas, relacionados con algún objetivo fuertemente deseado por mí, pueden interferir con mi capacidad de vivir de acuerdo a los valores generales.

   El valor universal de la veracidad nos aporta un buen ejemplo de un patrón general que, a menudo,  solo asimilamos a medias. Vamos a examinar el valor de decir la verdad. Quiero que los demás me digan la verdad. Es un valor universal. Las autoridades me obligan a decir la verdad. Mis padres me exigen o sugieren que diga la verdad. La sociedad y la religión me piden que diga la verdad. Decir la verdad es parte de mi sistema de valores.

   Cuando se trata de asimilar el valor de decir la verdad refiriéndose a la actitud que los demás deben tener al decirme algo, este valor es apreciado claramente de inmediato. Estoy consciente de que recibir información falsa es inconveniente o perjudicial. Mi valor por que los demás  me digan la verdad es personal y está muy bien  asimilado.

   Con respecto a mí mismo, el valor de mi veracidad no me es inmediatamente claro. No veo qué beneficio obtengo siendo veraz. Sin embargo, estoy consciente de que me obligan a decir la verdad. Es lo que me exigen mis padres, mi sociedad y mi reglamento religioso.

   La desconexión que hay entre lo que espero que hagan los demás y lo que hago yo, da por resultado tener un valor dividido; una mitad es propia y la otra, obligatoria. El valor que le damos al dinero nos ilustra el desarrollo y la asimilación de un poderoso valor propio dictado por una situación específica.

*Extracto del libro El valor de los valores, de Swami Dayananda

La expresión de la vida proviene de una estructura de valores*

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Īśvara como creador, conservador y destructor del mundo

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