La expresión de la vida proviene de una estructura de valores*

La expresión de la vida proviene de una estructura de valores*

   La expresión de mi vida es tan solo la expresión de la estructura de mis valores  bien asimilados. Lo que hago no es sino una expresión de lo que es valioso para mí. Solo de vez en cuando sigo los valores de otras personas, cuando me convienen. Pero si no he asimilado bien los valores de otros, eso son entonces solo valores impuestos que no reflejan mi estructura de valores. Son una fuente de conflictos, más que una norma de conducta, y siempre estarán propensos a que los ajuste. Mis propios valores personales son solo aquellos que he logrado asimilar. Los valores asimilados reflejan lo que para mí es valioso. Un valor personal asimilado no requiere alternativas de mi parte. Si quiero tener  ciertos valores que no he asimilado como parte de mi estructura de valores, necesito aplicar mi determinación para vivir de acuerdo a ellos hasta que me convenza de que tienen valor para mí. Una vez que lo logre, y únicamente entonces, los voy a aplicar sin ni siquiera pensarlo. Para que un valor se pueda manifestar espontáneamente dentro de mí, tengo que ver su valor en el contexto de mi vida personal.

   Rendirle homenaje a los valores obligatorios de la vida solo “de la boca para afuera” nos beneficia tanto como el coro que cantaba un grupo de loros parados en un árbol: “¡Tengan cuidado con la red del cazador! La la la..”. He aquí el cuento: Un viejo loro había visto venir al cazador y lanzó ese llamamiento a sus compañeros, pero la parvada de loros tontos no miró hacia el suelo para ver al cazador. De haberlo hecho se hubieran dado cuenta de la realidad de su situación. Solamente así hubiera sido posible que las palabras que oyeron exclamar al viejo pájaro establecieran en ellos un significado personal. Pero, en vez de ello, continuaron felizmente trepados en el árbol, repitiendo palabras vacías, ya que para ellos no contenían ningún significado real. Aún después de haberles caído encima la red, completamente atrapados, retorciéndose y luchando inútilmente para salirse de ella, seguían cantando: “¡Tengan cuidado con el cazador! La la la..”.

   Cuando digo que son míos ciertos valores cuyo valor no he podido aún verdaderamente reconocer, me estoy arriesgando a que me suceda lo que a los loros del árbol, cuando repetían incoscientemente aquella prevención. Mis valores, que por ahora son obligatorios o forzados , se convertirán en valores personales asimilados solamente si soy yo quien claramente ve el valor que estos valores tienen para mí, y que de ese modo, ha sido asimilados en términos de conocimiento.

    Para la persona que cuenta con valores éticos asimilados, la vida se vuelve muy sencilla. Su mente no es nublada por conflicto alguno. Para esa persona la enseñanza de Vedanta es como cuando hacen contacto el gas y el fuego: de inmediato se enciende el conocimiento.

*extraído del libro "El valor de los valores" de Swami Dayananda. 

 

Iṣṭa devātas (deidades personales)

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El valor de los valores*

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